Puede no haber intención, pero también duele “mika”
CONSEJOS PARA TU MASCOTAS
Por: Rodrigo Hargreaves A.
Cuando Mika llegó a la clínica, no necesitó emitir ningún sonido para contarme que algo grave había ocurrido. Su cuerpo hablaba por ella. Estaba extremadamente delgada, débil y completamente ciega. Sus tutores aseguraban que se había deteriorado en apenas dos semanas, pero Mika estaba literalmente en los huesos y su condición revelaba una historia mucho más prolongada.
Mientras intentábamos comprender cómo había llegado a ese estado, uno de ellosreconoció que en varias oportunidades se le había olvidado alimentarla. En ese momento, como administrador de la clínica, sentí que no podíamos permitir que regresara al mismo lugar. Les pedimos que nos entregaran su cuidado y que se desvincularan definitivamente de ella.
Desde entonces, el equipo de la clínica asumió su protección. Se le realizaron exámenes, se le diagnosticó diabetes y comenzó su tratamiento. Compramos un monitor para controlar su glucosa y, durante dos meses, Mika recibió alimento, atención médica, cuidados y cariño. Sin embargo, su organismo ya estaba profundamente deteriorado y dejó de responder adecuadamente al tratamiento. Finalmente, para evitar que continuarasufriendo, fue necesario ayudarla a partir.

La historia de Mika podría parecer un caso extremo, pero nos enfrenta a una realidad que muchas veces preferimos no mirar: el maltrato animal no siempre se manifiesta mediante golpes, cadenas o heridas visibles.
También puede esconderse en la indiferencia, en una enfermedad ignorada, en el alimento que no se entrega y en la ayuda que nunca llega. Aveces, el abandono ocurre sin necesidad de dejar a un animal en la calle.
Porque no todo maltrato nace de la intención consciente de provocar daño. Existen personas que jamás golpearían a un animal y que, sin embargo, pueden mantenerlo durante meses o años en condiciones que deterioran lentamente su salud física y emocional. Olvidar alimentarlo, no proporcionarle agua limpia, ignorar señales de dolor, postergar indefinidamente una consulta veterinaria o dejar una enfermedad sin tratamiento también son formas de maltrato, aunque no exista una agresión directa.
La negligencia suele avanzar de manera silenciosa. El animal pierde peso, deja de jugar, duerme más, modifica su conducta o comienza a aislarse. Como estos cambios pueden aparecer gradualmente, quienes conviven con él terminan acostumbrándose y dejan de reconocerlos como señales de alarma.
Aquello que al comienzo habría resultado preocupante se transforma, poco a poco, en parte de la rutina. El sufrimiento se normaliza.También existe una diferencia entre no poder resolver una situación y simplemente desentenderse de ella.
Una persona puede enfrentar dificultades económicas, falta de conocimientos o circunstancias personales complejas; eso no la convierte automáticamente en alguien cruel. Pero asumir la responsabilidad de un animal implica buscar ayuda, pedir orientación, acudir a redes de apoyo o reconocer honestamente cuando ya no se está en condiciones de cuidarlo.
Lo verdaderamente grave comienza cuando, aun viendo su deterioro, se decide no actuar.
Los animales dependen completamente de nosotros para satisfacer necesidades que no pueden resolver por sí mismos. No pueden abrir una bolsa de alimento, solicitar una hora médica ni explicar dónde les duele. Su única manera de pedir ayuda se manifiestan en los cambios de su cuerpo y de su comportamiento. Ignorar esas señales no hace desaparecer el problema; simplemente permite que avance hasta que, muchas veces, ya es demasiado tarde.
Mika llegó demasiado tarde para que pudiéramos revertir todo el daño, pero no demasiado tarde para conocer otra forma de vivir. Durante sus últimos dos meses fue alimentada, atendida, protegida y profundamente querida. Su ceguera le impedía ver a quienes la rodeaban, pero podía reconocer el cariño en las voces, en las manos que la acariciaban y en la presencia constante de quienes ya no estaban dispuestos a dejarla sola.
No pudimos cambiar su historia, pero sí su final. Y quizás allí está una de las lecciones más importantes que nos dejó: cuidar a un animal no significa solamente ofrecerle un techo o decir que forma parte de la familia.
Significa observarlo, alimentarlo, atender sus necesidades, reconocer su dolor y actuar antes de que el silencio de su sufrimiento se vuelva irreversible.
Mika ya no está, pero su historia permanece como un llamado a mirar con mayor atención. Porque el maltrato no siempre deja moretones ni ocurre a plena vista. A veces se esconde detrás de aquello que no hicimos, de la ayuda que postergamos o de una necesidad que preferimos ignorar.
Ningún animal debería tener que deteriorarse hasta ese punto para que alguien finalmente comprenda que también la omisión puede causar dolor. Cuidar es mucho más que no hacer daño: es asumir, cada día, la responsabilidad de proteger la vida que depende de nosotros.
Rodrigo Hargreaves.
Médico Veterinario Etólogo Canino
Instagram / tiktok: @coachrodrigo_h 17





Comentarios