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Doctor, le salió una verrugita. ¿Qué hacer cuando aparece un bulto en tu perro?

Por: Rodrigo Hargreaves A.


¿Es una verruga o algo más? Cuando la piel y el comportamiento nos están diciendo algo.


“Doctor, le salió una verruguita.” Es una de las frases que escuchamos con mayor frecuencia en la consulta veterinaria. A veces se trata de una pequeña protuberancia en el párpado, otras veces aparece en el hocico, las orejas o cualquier otra zona de la piel. Muchos tutores se alarman inmediatamente pensando en cáncer, mientras que otros asumen que se trata de algo normal debido a la edad y deciden simplemente observarla.



La realidad es que ambas reacciones pueden llevarnos a errores. No todos los bultos son malignos, pero tampoco todos son simples “verrugas” sin importancia. Por eso, cuando aparece cualquier crecimiento nuevo en la piel de nuestro perro, lo más recomendable es solicitar una evaluación veterinaria.


Uno de los aspectos que genera más confusión es que muchas lesiones distintas pueden parecer similares a simple vista. Las verdaderas verrugas, conocidas como papilomas, suelen estar asociadas a infecciones virales y son más frecuentes en perros jóvenes. Sin embargo, existen otras lesiones benignas que pueden tener una apariencia muy parecida. Entre ellas encontramos la hiperplasia sebácea, una alteración relacionada con las glándulas de la piel que suele observarse con frecuencia en perros de edad avanzada. También existen los adenomas sebáceos, tumores benignos que pueden adoptar una apariencia verrugosa o similar a una pequeña coliflor. Para un tutor, e incluso en ocasiones para un profesional mediante una simple observación externa, diferenciar unas de otras puede resultar difícil.



Por esta razón, el aspecto de una lesión por sí solo no siempre permite llegar a un diagnóstico definitivo. Dependiendo de cada caso, el médico veterinario puede recomendar procedimientos simples como una citología o, cuando sea necesario, una biopsia. Estas herramientas permiten identificar con mayor precisión la naturaleza de la lesión y determinar si requiere tratamiento o únicamente seguimiento periódico.


Sin embargo, existe un aspecto que muchas veces pasa desapercibido y que puede aportar información muy valiosa: el comportamiento del propio perro. Cuando pensamos en una lesión de piel solemos concentrarnos en su tamaño, color o ubicación. No obstante, en numerosas ocasiones son los cambios conductuales los que llaman primero la atención. Un perro que comienza a rascarse repetidamente una zona específica, que se lame de forma insistente, que frota su rostro contra muebles o alfombras, o que evita que lo manipulen en deeterminadas áreas, puede estar intentando comunicar que algo le genera molestia. Los perros nos hablan constantemente. El problema es que no utilizan palabras, sino conductas.



En algunas oportunidades incluso ocurre lo contrario: el tutor descubre una lesión durante una sesión de cepillado o una caricia rutinaria porque el perro reacciona de manera diferente a lo habitual. Un giro repentino de cabeza, un intento de alejarse o una expresión de incomodidad pueden transformarse en señales importantes que merecen ser observadas con atención.


Por supuesto, estos cambios conductuales no permiten identificar qué tipo de lesión está presente, pero sí pueden transformarse en una alerta temprana que motive una consulta veterinaria antes de que el problema avance.


También es importante recordar que la ausencia de cambios evidentes no garantiza que todo esté bien. Uno de los errores más frecuentes es asumir que si un perro sigue comiendo, jugando y moviendo la cola, entonces no existe ningún problema. Sin embargo, los perros poseen una notable capacidad para adaptarse a molestias físicas leves o moderadas, por lo que pueden mantener gran parte de rutina habitual mientras una enfermedad continúa desarrollándose.



Como etólogo, suelo repetir que el comportamiento es información. Cuando un pero se lame, se rasca, evita el contacto o modifica repentinamente algunas de sus rutinas, no siempre estamos frente a un problema conductual. En ocasiones, el comportamiento es la primera pista de que algo está ocurriendo en su cuerpo. Aprender a observar esas señales puede ayudarnos a detectar problemas de salud antes de que se vuelvan evidentes.


La buena noticia es que la mayoría de los pequeños bultos cutáneos terminan correspondiendo a lesiones benignas. Sin embargo, la tranquilidad no debería venor de asumir que son inofensivos, sino de confirmarlo mediante una evaluación profesional. Cuando se trata de la salud de nuestros perros, observar a tiempo siempre ser mejor que descubrir demasiado tarde.


Rodrigo Hargreaves

Médico Veterinario / Etólogo Canino

Intragram / Tiktok: @coachrodrigo_h



 
 
 

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