¿Un perro cansado es realmente un perro feliz?
- BYMCOMUNICACION ILLY
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Por Rodrigo Hargreaves A. — Médico Veterinario / Etólogo Canino
Hace algunos días, mientras conducía rumbo a mi trabajo, observé una escena que quedó dando vueltas en mi cabeza durante el resto del día. Un hombre paseaba a su perro mientras avanzaba en bicicleta. El animal corría a su lado siguiendo el ritmo impuesto por los pedales.
No parecía tratarse de un perro maltratado; por el contrario, estoy convencido de que su tutor actuaba con la mejor de las intenciones. Probablemente pensaba que le estaba regalando un excelente paseo y una buena dosis de ejercicio.
Sin embargo, hubo un detalle que no pude dejar de observar: durante todo el trayecto, el perro nunca tuvo la oportunidad de detenerse.
No pudo acercarse a un árbol para olfatearlo, interpretar los rastros que otros perros habían dejado en el camino, explorar un arbusto ni quedarse un segundo contemplando el entorno. Solo corría.
"A veces, sin darnos cuenta, organizamos toda su vida en función de nuestros tiempos: la hora para salir, la velocidad para caminar, el recorrido y el momento de volver. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos cómo hubiera elegido vivir ese mismo paseo si hubiera podido decidirlo él."

Más que ejercicio: una experiencia sensorial.
Para nosotros, caminar puede ser solo una actividad física. Para un perro, en cambio, un paseo representa una experiencia sensorial extraordinariamente rica.
Gran parte de la información que obtiene del mundo llega a través del olfato.
Mientras nosotros observamos el paisaje, ellos leen literalmente distinto en los olores. Pueden saber quién pasó antes por ese lugar, si era macho o hembra, si estaba sano, estresado o incluso en periodo reproductivo. Cada olfateo, cada parada frente a un rincón, contienen información que para ellos tiene enorme valor.
Por eso, cuando un paseo se transforma únicamente en avanzar sin detenerse, el pensar sin detenerse aquello que convierte esa experiencia en algo verdaderamente enriquecedor.
Es como llevar a una persona a una gran biblioteca todos los días, pero impedirle abrir un solo libro.

El bienestar no es sinónimo de agotamiento:
Vivimos en una sociedad que valora la productividad y, sin querer, muchas veces trasladamos esa mirada también a nuestros perros. Si vuelve agotado pensamos que el paseo fue exitoso. Si aún tiene energía, creemos que "faltó ejercicio".
Sin embargo, el bienestar no siempre se refleja en el agotamiento físico.
En muchas ocasiones se manifiesta en un perro que vuelve tranquilo porque pudo explorar, tomar decisiones, satisfacer su curiosidad y vivir una experiencia que realmente tuvo sentido para él.
El bienestar también implica:
La posibilidad de explorar y resolver pequeños desafíos.
Descubrir el entorno.
Y, posteriormente, descansar de verdad.
Dormir profundamente, disponer de un lugar seguro donde nadie lo moleste y tener momentos importantes con el ejercicio físico.
De hecho, un paseo bien realizado no termina cuando regresamos a casa.
Continúa cuando el perro puede relajarse y descansar profundamente. Ese descanso suele ser la mejor señal de que su sistema nervioso logró regularse y no simplemente agotarse.

El paseo también construye vínculo:
Existe otro aspecto que pocas veces consideramos: el paseo también construye vínculo.
Cuando, por algunos momentos, caminamos al ritmo del perro y no al nuestro, le estamos diciendo que sus intereses también importan.
Dejamos de imponer constantemente nuestro tiempo y comenzamos a comprender el suyo:
Esa experiencia compartida fortalece la confianza mucho más de lo que imaginamos.
"Sus intereses también importan"

No se trata de correr, sino de ser perro:
Esto no significa que todos los perros deban ser lentos ni que el ejercicio físico deje de ser importante.
Hay perros que disfrutan correr, practicar deportes o acompañar a sus tutores en largas caminatas.
La diferencia está en comprender que esa actividad física nunca debería reemplazar la posibilidad de comportarse como lo que realmente son: perros.
Olfatear sin prisa.
Explorar con curiosidad.
Relacionarse con el mundo utilizando las capacidades que la naturaleza les entregó.
Tal vez un paseo no debería medirse por la distancia recorrida, sino por:
La libertad que tuvo para detenerse.
Explorar con curiosidad.
Descubrir el entorno.
Y simplemente ser perro.
"La próxima vez que tomemos la correa, quizá valga la pena caminar unos minutos más despacio. Permitirle detenerse, explorar y simplemente ser quien es.
Porque querer mucho a un perro no siempre significa hacer más cosas con él. Muchas veces significa comprender quién es realmente y respetar su forma de descubrir el mundo.
Solo entonces dejamos de sacar a pasear a un perro… y comenzamos, de verdad, a acompañarlo en su paseo."
Rodrigo Hargreaves
Médico Veterinario / Etólogo Canino
Instagram / Tiktok: @couchrodrigo_h





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