Mi primer y último 14 de febrero
- BYMCOMUNICACION ILLY
- 10 feb 2025
- 3 Min. de lectura
Cuentos / Pláticas de café
Daniela, una joven de clase media en la bulliciosa Ciudad de México de los años sesenta, vivía con la emoción a flor de piel. Su fiesta de quince años estaba a dos meses de distancia, pero algo más llenaba el aire: el Día del Amor y la Amistad, esa fecha que teñía las calles de globos rojos y papel celofán en forma de corazones.

En su escuela, los compañeros preparaban intercambios de cartas y chocolates, y Daniela soñaba con recibir, por primera vez, una declaración especial. Ese febrero, en la papelería donde compraba papel crepé para decorar su fiesta, conoció a Luis. Alto, de cabello lacio que caía sobre su frente, y con una sonrisa que podía derretir el frío de invierno, Luis le ofreció ayuda al verla cargar más de lo que podía sostener.
Al caminar juntos hacia el edificio donde ella vivía, entre bromas y risas, algo empezó a nacer en el corazón de Daniela. A los pocos días, Luis la buscó con un ramo de flores hechas de papel, acompañado de un mensaje sencillo: “Para la chica más linda que he conocido.” Durante esas semanas, compartieron largas caminatas por el barrio, helados de limón y confidencias que Daniela guardaba como tesoros.
Cuando llegó el intercambio del Día del Amor y la Amistad en la escuela, Luis apareció al final de la jornada con un pequeño regalo: una cajita de madera tallada con su nombre. Dentro, una nota decía: “Si me permites, me encantaría ser tu chambelán.” Daniela sintió cómo su rostro se encendía mientras asentía, más feliz de lo que podía expresar.
Todo parecía perfecto. Con Luis como chambelán, Daniela imaginaba el vals de sus sueños, los pasos sincronizados y las miradas que harían que todos envidiaran su conexión. Sin embargo, días después del intercambio, su madre la llamó a la mesa una noche mientras cosía los últimos adornos de su vestido.
—Hija, necesito hablar contigo —dijo, dejando la aguja sobre la tela. Daniela, con el corazón aún lleno de emociones del Día de San Valentín, se sentó frente a ella.—¿Qué pasa, mamá? —Es sobre Luis... No puede ser tu chambelán... ni tu novio
Las palabras cayeron como un balde de agua helada. Su madre, con voz temblorosa, confesó una verdad que había guardado durante años: Luis era hijo del hombre que había sido el padre de sus dos hermanos mayores. Aquel hombre que las había abandonado antes de que Daniela naciera.Eso significaba que Luis era su medio hermano. Daniela sintió cómo el mundo se desmoronaba. Todo el cariño, los sueños y las promesas de amor quedaron atrapados en un remolino de dolor. Al día siguiente, con el alma rota, le explicó a Luis que ya no podría ser su chambelán, evitando mencionar la verdadera razón. En el fondo, deseaba que él nunca supiera la verdad.
La noche de su fiesta, mientras la música llenaba el salón comunitario y los invitados aplaudían, Daniela bailó el vals sola, no quiso que nadie más la acompañara. En el baile principal, sostuvo la cajita de madera que Luis le había regalado como si de esa forma pudiera borrar el pasado de su madre y ser feliz con él. La sonrisa de Dany escondía el peso de un amor imposible, un recuerdo eterno de aquel febrero en que el Día del Amor y la Amistad le enseñó que el amor, aunque poderoso, a veces se encuentra atrapado en los intrincados lazos del destino.
Lisi Esnaurrizar
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