DOMINANCIA O LIDERAZGO, EL ERROR QUE AÚN NOS SEPARA DE NUESTROS PERROS
- BYMCOMUNICACION ILLY
- 7 jul 2025
- 3 Min. de lectura
CONSEJOS PARA TUS MASCOTAS
Por: Rodrigo Hargreaves
El pequeño Tobi era un mestizo de pastor, rescatado de la calle por un hombre que decía amar profundamente a los animales. Lo alimentaba, lo llevaba al veterinario y no le faltaba techo. Pero también lo “educaba” con gritos, tirones de correa y toques bruscos cuando “se pasaba de listo”. Tobi no ladraba, no subía al sillón, no desobedecía jamás… pero no por respeto. Caminaba con la cabeza baja, las orejas recogidas y la cola entre las patas. Siempre pendiente del más mínimo movimiento de su tutor, como si anticipara una corrección en cualquier momento. “Es muy obediente”, decía orgulloso el hombre. Yo, en silencio, sólo podía pensar: “No, creo que es muy asustadizo”. Durante mucho tiempo, nos enseñaron que para tener un perro equilibrado había que ser el “líder de la manada”. Se hablaba de dominancia como si fuera una característica fija, casi genética, que el perro traía consigo. Y, peor aún, se propagó la idea de que si no imponíamos nuestra jerarquía desde el principio, el perro se “adueñaría de la casa”.

Pero hoy la ciencia y la experiencia nos dicen otra cosa.
La dominancia no es una personalidad, ni una enfermedad. Es un estado conductual que aparece en contextos específicos: proteger un recurso, evitar una amenaza, defender un espacio o simplemente buscar control cuando no se siente seguridad. El mismo perro puede mostrarse dominante con otro perro sobre un juguete, pero ser totalmente sumiso al enfrentarse a un ruido fuerte o a una persona nueva. Así como los humanos, su comportamiento cambia según lo que vive, siente o interpreta.
El problema aparece cuando interpretamos esa “dominancia” como una amenaza a nuestra autoridad y respondemos con fuerza, gritos o sometimiento. Entonces dejamos de ser una guía para convertirnos en una fuente de miedo. Y ahí perdemos algo esencial: la confianza.
Un perro no necesita un dueño que se imponga, sino un referente que lo contenga. Un líder no es quien manda más fuerte, sino quien da seguridad, quien marca límites con claridad, pero sin violencia, quien ofrece un entorno predecible donde el perro puede relajarse, explorar y aprender.
Ser líder es saber cuándo decir que no, pero también cuándo abrazar. Es entender que a veces tu perro no desobedece por capricho, sino porque está confundido, asustado o sobre estimulado. Es darte cuenta de que tus emociones también lo afectan, que tu coherencia o tu incoherencia se traducen en calma o ansiedad para él.
Recuerdo otro caso: Luna, una perrita mestiza de mirada chispeante, vivía con una mujer que era puro amor... pero también pura inestabilidad. Un día la abrazaba hasta asfixiarla y al otro le gritaba por hacer pis donde no debía. Luna no sabía qué esperar. Y cuando los límites son inestables, el perro se vuelve inseguro, inquieto, o incluso agresivo. En esos casos no basta con amar: hay que aprender a guiar.
Entonces, ¿qué tipo de relación estás construyendo con tu perro?
¿Te sigue porque se siente seguro contigo, o porque tiene miedo de equivocarse?
Quizá el gran desafío no sea enseñarles a ellos a obedecernos, sino aprender nosotros a ser dignos de ser seguidos. No se trata de ser el jefe de una manada. Se trata de ser el corazón de un vínculo.
Rodrigo Hargreaves
Médico Veterinario
Etólogo Canino
Tiktok / Instagram: @coachrodrigo_h









Comentarios