Cuentos: Pláticas de café por Lisi Esnaurrizar
- BYMCOMUNICACION ILLY
- 11 mar 2025
- 3 Min. de lectura
Un 14 Muy Humedo La cafetería estaba repleta de murmullos y el aroma a café recién molido flotaba en el aire. Afuera, el sol descendía lentamente, tiñendo de tonos dorados la Ciudad de México. Daniela, con los ojos brillantes y las mejillas encendidas, se inclinó sobre la mesa, sosteniendo entre sus manos una taza rebosante de café que apenas había probado.

—No sabes lo que pasó anoche, Becky...
—susurró, con un tono que traía consigo la promesa de una confesión escandalosa.
—¡Cuéntamelo todo!
—dijo, Becky con expectación, al mismo tiempo que se acomodó en su asiento, lista para escuchar.Daniela dio un sorbo a su café y suspiró.
—Para empezar, cuando llegué a casa, la mesa ya estaba preparada. Había velas, pétalos de rosa y... Becky, hasta un letrero hecho a mano que decía “Primer Feliz San Valentín”.
—Ay, qué romántico... ¿Y luego?
—dijo Becky, al mismo tiempo que dejó escapar un suspiro soñador.
Daniela se mordió el labio, como si intentara ordenar las palabras.
—Esperaba algo tranquilo, romántico —dijo Daniela—, pero de lo romántico se fue a lo salvaje en cuestión de segundos. Todo parecía bajo control, pero en cuestión de segundos, ya no pude hacer nada para contenerlo.
—¡¿Así de intenso fue?! —preguntó Becky, arqueando las cejas emocionada.
—Sí. —Asintió Daniela con una expresión entre asombro e incredulidad—. Fue una completa locura. En un abrir y cerrar de ojos, estaba todo empapado.
—Dani, no puedo creerlo... ¡con esa cara de aburrido quién hubiera pensado que tu marido fuese capaz de algo así! — exclamó Becky con una risa contenida.
—Es que es un burro... además no fue él, fue... la manguera
—aclaró Daniela.
—¡¿Qué?! —exclamó nuevamente, Becky. —Déjame explicarte, la manguera, literal reventó y empezó a escupir sin control. no importaba si me acercaba o me alejaba aquello seguía y seguía. Era como si no tuviera fin.
—Dios mío, mujer. ¡Qué primer San Valentín! ¿Y luegoqué hiciste? —preguntó Becky. —Puse mis manos ahí para intentar detenerlo, pero no servía de nada. Fue desesperante.
Solo veía cómo todo se escurría —Confesó Daniela, como si reviviera la intensidad del momento—.
Y lo peor... Becky, fue tan fuerte que terminó llegando hasta la sala. —¡No puede ser! Qué bárbaros, rompieron récord —dijo Becky, al mismo tiempo que soltó una carcajada.
—No sabes la desesperación que sentí —dijo Dani, con una expresión seria.
Fue tanto que incluso pensé en salir corriendo y pedir ayuda a los vecinos.
—¡¿Los vecinos?! ¿Daniela, qué morbo es ese?
—preguntó Becky, incrédula.
Daniela parpadeó, confundida.—Pues sí, Becky —dijo Daniela, confundida
—. Ya sabes cómo son... no les importa apenas escuchan algo fuera de lo normal y ya están pegados a la ventana. Cuando menos me hubieran ayudado. Era demasiado solo para mí. Becky la miró con una mezcla de sorpresa y carcajada contenida.
—¡Daniela! No te conocía que te gustaran esos juegos —dijo Becky con una mezcla de sorpresa.
—Lo peor es que de seguro grabaron algo. Ya me imagino el chisme en el grupo de WhatsApp de la privada —dijo Dany con un suspiro dramático.
—Dani, por Dios, ¡¿tanto ruido hacían?! —dijo Becky con una mano en el pecho fingiendo estar escandalizada. —¿Ruido? ¿De qué hablas? — preguntó Daniela al mismo tiempo que frunció el ceño y ladeó la cabeza.
—Pues de lo que me estás contando... —dijo Becky confundida—, del ruido que hicieron tú y tu marido la primera noche de San Valentín juntos con... la manguera. Daniela, tomó un sorbo grande de café y parpadeó varias veces antes de que una risa sonora escapara de sus labios.
—¡Becky!—dijo entre carcajadas—. ¡Estoy hablando de la maldita manguera de la lavadora de trastes! Mi marido la instaló mal, se rompió y el agua salió disparada sin control, inundando toda la casa, antes de que pudiéramos siquiera empezar a cenar.
—¿Qué?—murmuró Becky, como si su cerebro intentara procesar la información.
—Sí, Becky. Un desastre total. El único ruido que hicimos fue el del trapeador, intentando salvar los muebles. —No puede ser... —susurró Becky, al mismo tiempo que su rostro pasó de la sorpresa al absoluto desconcierto—. ¡Daniela,
me hiciste pensar otra cosa! —No es mi culpa que tengas la mente tan sucia, Becky —dijo Daniela al mismo tiempo que soltó una sonora carcajada.
—¡No es mi culpa que lo hayas contado como si estuvieras narrando una escena erótica! —exclamó Becky.
—Bueno, no te mentí... pasó de lo romántico a lo salvaje. Sí fue desesperante. Y sí, todo quedó empapado —dijo Daniela, al mismo tiempo que dibujó una sonrisa traviesa en su rostro.
—Eres tremenda —dijo Becky, ríendo entre dientes. —Y tú eres una mal pensada —agregó Daniela.
Las risas de ambas se mezclaron con el bullicio de la cafetería. Afuera, el tráfico seguía su curso, indiferente al pequeño juego de malentendidos que acababa de suceder en aquella mesa.
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Canción: Excusas Baratas
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