Cuando llega una mascota a casa... y hay niños...
- BYMCOMUNICACION ILLY
- 16 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Por: Rodrigo Hargreaves A.
Mi primer recuerdo feliz de la infancia tiene orejas largas y una caminata torpe. Se llamaba Max. Él llegó a mi vida cuando yo tenía apenas cinco años. Fue mi compañero de juegos, mi confidente silencioso y, sin saberlo, mi refugio emocional en los momentos más difíciles de mi infancia. Recuerdo que me cobijaba en él cuando lloraba por la separación de mis padres, o cómo parecía saber que necesitaba compañía cuando nadie más lo notaba.
Max no era solo un perro: fue el primer ser que me enseñó lo que significabaamar sin esperar nada a cambio.Esa relación marcó profundamente mi vida y, de alguna manera, me llevó a convertirme en lo que soy hoy. Y cada vez que veo una familia recibiendo a un nuevo perrito o gatito en casa, especialmente si hay niños, no puedo evitar recordar a Max... y pensar en lo importante que es hacer bien esa introducción.
El animal no es “para los niños”.

Es un nuevo miembro de la familia. Uno de los errores más comunes es presentar al perro o gato como “una mascota para que el niño aprenda responsabilidad” o como “un regalo”. Esto pone una carga emocional y práctica sobre el niño que no le corresponde. Los perros o gatos no son herramientas educativas ni juguetes vivos. Son seres sintientes que llegan con necesidades emocionales y físicas concretas, y que requieren un entorno estable, seguro y respetuoso. Por eso, la responsabilidad principal siempre recae en los adultos del hogar.
Son ellos quienes deben modelar el vínculo, enseñar con el ejemplo, y resguardar
la seguridad tanto de los animales como del niño.
El aprendizaje es mutuo: la mascota y el niño deben aprender a convivir.Así como ellos deben aprender a tolerar ciertas conductas humanas y adaptarse a nuevas rutinas, los niños también deben aprender a respetar los límites de su nuevo compañero.
Hay momentos en el que ellos necesitan descansar, espacio o simplemente tranquilidad. Interrumpirlos cuando duermen, tocarles la comida, invadir su espacio sin aviso o abrazarlos a la fuerza puede generar incomodidad, miedo o incluso reacciones defensivas.
Por eso es fundamental enseñar a los niños cosas simples pero claves:
“Si está durmiendo, lo dejamos tranquilo.” “No lo molestamos cuando está comiendo.”
“Le hablamos suave, sin gritos.” “No lo abrazamos si él no quiere.” “Si se va, lo dejamos ir.”
Estas frases, repetidas con amor y coherencia, ayudan a construir una relación basada enel respeto mutuo.El rol del adulto: ser mediador y guía No podemos esperar que un niño interprete por sí solo el lenguaje corporal de un animalito. Y tampoco podemos culpar al perro o al gato por reaccionar si se siente invadido.
Es por eso que el adulto debe acompañar siempre las primeras interacciones, explicar, observar y estar dispuesto a intervenir si nota signos de incomodidad en el animal.
Una buena práctica es crear espacios de supervisados donde el niño y el animal puedan interactuar de forma segura, con juguetes, juegos o simplemente compartiendo presencia sin contacto físico directo.
Un vínculo que puede transformar vidas He visto cientos de historias donde el vínculo entre un niño y su mascota se convierte en una fuente profunda de amor, empatía y crecimiento emocional. Pero ese vínculo no nace solo: se construye, se cuida y se guía. Pero lamentablemente también he sido testigo de vínculos truncados por expectativas irreales y procesos de acercamientos mal guiados.
Cuando una mascota llega a una casa, no solo trae alegría y compañía, trae la oportunidad única para enseñar a los niños sobre el respeto a otro ser vivo, la responsabilidad, y los ritmos naturales de la vida. Porque los procesos biológicos de nuestros animalitos son más rápidos que los nuestros...y por eso los convierte, sin querer, en grandes maestros. Con ellos, nuestros niños pueden experimentar el asombro del nacimiento, e incluso la comprensión serena de la muerte. Todos estos procesos, vividos con amor y contención, pueden sembrar en su interior algo tan poderoso como escaso hoy en día: la práctica de la empatía real.
Así como Max transformó mi vida, cada animalito que llega a un nuevo hogar puede ser una compañía incondicional que un niño nunca olvida. Pero para que eso ocurra, los adultos debemos estar presentes, atentos y conscientes de lo que estamos cultivando.
Una mascota no solo es una oportunidad para dar amor...también es una invitación a mirar la vida desde otra perspectiva...más presente, más respetuosa y mucho más humana.
Rodrigo Hargreaves
Médico Veterinario
Etólogo CaninoTiktok / Instagram: @coachrodrigo_h









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