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CÓMO AFRONTAR UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER

La visita médica donde se comunica el diagnóstico sólo es el comienzo, ya que a menudo necesitamos tiempo para hacernos cargo de los cambios que conlleva la enfermedad y la terapia. Pero hay cosas que nos pueden ayudar a afrontar el diagnóstico de cáncer.


Antes de la visita al oncólogo:

Cada vez más personas intuyen que tienen cáncer antes de que el oncólogo se lo diga. Puede ser porque el médico de atención primaria ya les ha dicho que posiblemente se trate de cáncer, o porque el papel con el día y la hora de la visita contiene la palabra oncología.

Pero saberlo no hace que la noticia del diagnóstico de cáncer sea más fácil.

Cada vez más hospitales incorporan circuitos de diagnóstico rápido, en lo que entre la primera sospecha y el comienzo del tratamiento pasan muy pocas semanas.


Aun así, la espera de la entrevista de diagnóstico puede hacerse larga. Algunas cosas que podemos hacer en este momento son:

  •   Preparar con tiempo las preguntas que queramos hacer al médico y apuntarlas en una libreta para no olvidarlas.

  •   Relativizar lo que nos digan sobre el cáncer otras personas, o lo que vemos en internet o en las redes sociales. Muchas de las cosas que se publican o se dicen son incorrectas, son poco precisas o no nos ayudan en nada.

  •   Expresar nuestros miedos a personas de confianza, diciéndoles que nos ayudará hablarlo en voz alta.

  •   Aunque no es fácil, podemos intentar distraernos a ratos con actividades que absorban nuestra concentración. 


Ahora bien, a veces la comunicación del diagnóstico de cáncer llega por sorpresa y, en este caso, no hay manera de prepararse previamente.


Durante la visita:

Es importante que alguien nos acompañe a la visita del diagnóstico de cáncer: El oncólogo nos dará mucha información en poco tiempo, y podemos reaccionar con un choque. Cuando tenemos un choque nos quedamos tan concentrados en la noticia, que dejamos de escuchar y de hablar:

Podemos tener la mirada perdida y puede parecer que no reaccionamos. El choque es una manera inconsciente que tenemos de frenar la mala noticia, para darnos tiempo a nosotros mismos para entender y aceptar lo que nos está ocurriendo. No es doloroso, ni peligroso, ni deja ninguna secuela cuando desaparece. Su duración es muy variable, desde unos minutos hasta unos días.


Tampoco lo tiene todo el mundo:

Ir a la visita acompañados tiene dos ventajas. Por un lado, reduce la sensación de soledad. Por el otro, tendremos a alguien al lado que podrá escuchar al médico, tomar notas de lo que dice y hacerle las preguntas necesarias. Los médicos son conscientes de la dificultad de este momento. La mayoría tienen un trato muy amable y cordial. Y eso es importante porque contribuye a la confianza con el paciente.


Hay personas que cuando salen de la consulta no quieren ir a casa. El diagnóstico de cáncer lo cambia todo, y no todo el mundo está preparado desde el primer momento para explicarlo a la familia. Es recomendable que, quien quiera esperar, pueda hacerlo con libertad.


Después de la visita con el oncólogo:

El impacto que se produce cuando el médico nos da esta noticia es muy importante.

Se paran todos los pensamientos y se desvanecen los planes que teníamos. Nos vienen a la cabeza preguntas como "¿Por qué a mí?", o palabras como "muerte" o “quimioterapia”, preocupaciones por cómo nos afectará a la autoimagen, por la familia (sobre todo por los hijos), etc.


Contarlo o mantenerlo en secreto:

Hace unos años el cáncer generaba un fuerte estigma. Actualmente está más aceptado, cosa que contribuye a recibir el apoyo social necesario. Pero la decisión de explicarlo o no a los vecinos y amigos, o al trabajo, sigue dependiendo de cada uno. Hay quien prefiere evitar las preguntas indiscretas o la curiosidad morbosa. En cualquier caso, el derecho a mantenerlo en secreto, si se quiere, también merece ser respetado.


Las reacciones durante el diagnóstico de cáncer:

La manera de reaccionar puede variar mucho, y no hay ninguna que sea más correcta que otra. Cada persona tiene la suya. Las respuestas más habituales son la rabia, la tristeza, el miedo y la incertidumbre (combinadas con momentos de esperanza). La reacción depende de algunos factores como la manera que tenga el médico de comunicar el diagnóstico, de características de la personalidad, o de cómo se haya reaccionado ante malas noticias en el pasado.


¿Cómo podemos reducir el miedo y el malestar?:

Podemos buscar apoyos en el entorno, intentar mantener la parte de las actividades normales que queramos (sabiendo que habrá cambios de horarios y de rutinas, y que habrá que hacer visitas frecuentes en el hospital).


Es importante tomar con tranquilidad, las decisiones que hagan falta. Pero lo principal es darse tiempo, porque asumir esta noticia no es fácil ni todo el mundo puede hacerlo en poco tiempo. También recomiendo darse permiso a uno mismo para sentirse mal, triste, enfadado, con ganas de llorar, etc.


Estas emociones pueden aparecer una a una, o todas a la vez. Hay personas que, con toda la buena intención, nos pueden decir "Venga, tienes que ser fuerte para que tu familia no se hunda. Ya verás como eso no es nada. Pero sentirse mal tras un diagnóstico de cáncer es normal, y no hay necesidad de justificarse. Si el cuerpo nos pide llorar o asustarnos, nos los podemos permitir.


Finalmente, hay que recordar que es muy importante el apoyo de la familia y los amigos y que, si este no es suficiente, se puede contar con la ayuda profesional del médico o de un psicólogo o psicooncólogo.





 
 
 

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